De 4 a 8 años.
Un libro perfecto para leer antes de dormir: 5 cuentos de 10 minutos, llenos de imaginación, humor y ternura, ideales para que disfruten de un momento especial. Forma parte de la subserie Noche de Cuentos, de Las Aventuras de Pitu y Guille, creada para ofrecer historias cortas, dinámicas y muy visuales, que capturan la atención, estimulan la imaginación y dejan siempre un mensaje positivo. Disponible en ebook, papel y audiolibro.
Descárgalo gratis desde Amazon España, Amazon México, y resto de las tiendas de Amazon.
Por qué gusta tanto:
Relatos breves y muy entretenidos.
Aventuras mágicas que despiertan la imaginación.
Valores como la amistad, la responsabilidad y la empatía.
Lenguaje cercano y fácil de leer en voz alta.
Ilustraciones encantadoras que acompañan cada historia.
Cada cuento es una aventura y además transmite valores como la amistad, la valentía, la solidaridad y la importancia de cuidar lo que tenemos.
El pescador de nubes: Pitu y Guille intentan salvar a su pueblo de la sequía con ideas increíbles: haciendo un pozo tan profundo que sin querer atraviesan la Tierra y construyendo una avioneta para “pescar nubes”.
El ratoncillo valiente: En casa de la abuela vive un pequeño ratón que se enfrenta a un gato enorme con ingenio y mucho coraje. Una historia muy divertida y llena de suspense.
Un sapo con trenzas: En el colegio de Pitu y Guille organizan un concurso solidario para recoger comida para las familias necesitadas, pero se meterán en un buen lío intentando ganar el concurso.
El perro gigante: Un cachorro crece sin parar hasta ser tan grande como un elefante. En el pueblo no lo quieren porque asusta a la gente pero un día ocurre algo que lo cambiará todo.
La ciudad secreta: En medio del desierto existe una ciudad perdida donde solo viven niños, que juegan todo el día. Un cuento dulce y poético sobre la felicidad y la infancia.
Un libro perfecto para la noche: relatos de diez minutos, ilustrados y llenos de aventuras y valores positivos, ideales para compartir en familia y crear momentos mágicos antes de dormir.
Os comparto una versión de José Naval de este famoso cuento, integrada en el título “Las zapatillas mágicas”, de la colección Las aventuras de Pitu y Guille.
El flautista de Hamelin
Había una vez un pequeño pueblo en las montañas del norte de Europa llamado Hamelin. Sus habitantes vivían felices produciendo quesos muy ricos con la leche de las vacas que pastaban en las verdes praderas que rodeaban el lugar.
Y como hacían muchísimo queso, mucho más del que se podían comer, vendían lo que les sobraba a los otros pueblos cercanos y a los forasteros que pasaban por allí. Así, no solo disfrutaban de sus deliciosos quesos, sino que también ganaban mucho dinero y el pueblo prosperaba económicamente.
Ocurrió que un día, Hamelin fue invadido por miles y miles de ratoncitos traviesos que se colaban por las ventanas abiertas de las casas, por debajo de las puertas, por las alcantarillas e incluso por pequeños agujeritos en las paredes, y robaban y se comían todo el queso.
Los pequeños roedores correteaban por todas partes y cada vez había más y más. Los gatos del pueblo ya no podían con ellos y los vecinos no sabían qué hacer para que los ratones no se comieran todo el queso.
Habían probado a guardar los quesos en baúles muy bien cerrados, pero no sirvió de nada, porque los ratones hacían agujeritos royendo la madera con sus dientecillos y se colaban dentro.
Intentaron conservar los quesos en almacenes construidos con cemento y ladrillo, pero fue inútil, porque los ratones encontraban pequeños huecos en los tejados o se infiltraban a través de las tuberías de ventilación.
La desesperación cundía entre los habitantes de Hamelin. Todo parecía perdido hasta que, un día, llegó al pueblo un hombre de aspecto un poco extraño, con una flauta mágica, y les dijo a los vecinos:
"Si toco mi flauta, hechizaré con mi música a los ratones y conseguiré que se vayan del pueblo".
Todos estuvieron de acuerdo y prometieron darle un premio si lograba ayudarles.
Entonces el flautista se fue hasta la plaza del pueblo, se subió a un taburete, y empezó a tocar su instrumento.
De pronto, comenzó a brotar de la flauta una melodía que sonaba como un hechizo creado con notas musicales. Los dedos del flautista recorrían el instrumento con un virtuosismo que hipnotizaba. La música suave y mágica, surgió como un sonido tierno, casi como un murmullo, que poco a poco fue creciendo hasta convertirse en un canto insuperable.
La melodía bailaba en el aire y empezó a deslizarse por las calles de Hamelin como una suave brisa. Era una música tan hermosa que parecía una canción celestial, capaz de embelesar a todo aquel que la escuchaba.
Los roedores, cautivados por la encantadora melodía, comenzaron a asomar tímidamente sus cabecitas desde sus escondites.
Un atrevido ratoncito, que no pudo resistir la atracción que le producía el mágico sonido de la flauta, corrió hasta la plaza del pueblo, se acercó al flautista y se sentó extasiado a escuchar su música.
Al poco rato, apareció otro ratón y se sentó a su lado, y luego otro, y otro, y así comenzaron a acercarse hasta la plaza del pueblo decenas…, cientos…, ¡miles de ratones!, que se rendían a la mágica música que brotaba de la flauta.
En unos pocos minutos, la plaza del pueblo se abarrotó de miles y miles de roedores, con sus pequeños ojos brillando de fascinación, moviendo sus cuerpecitos suavemente al ritmo de la música.
Entonces el flautista se bajó del taburete y comenzó a andar tranquilamente calle abajo, meciendo su cuerpo con los vaivenes de la melodía que seguía tocando con gran virtuosismo.
Y lo que ocurrió a continuación fue increíble: ¡todos los ratones comenzaron a seguirle, completamente hipnotizados por el embrujo de las notas que brotaban de la flauta mágica!
La escena era impresionante. Los vecinos del pueblo estaban atónitos, no podían creer lo que veían sus ojos: ¡por fin los ratones estaban abandonando el pueblo!
El flautista continuó andando, y seguido por una larguísima fila de miles y miles de ratones, se alejó del pueblo y se perdió en el monte.
Pasaron los días y los ratones nunca regresaron al pueblo. Unos dicen que se los comieron las aves rapaces del bosque. Otros cuentan que el flautista cruzó un río y los ratones se ahogaron en sus aguas.
Al cabo de un tiempo, el flautista volvió al pueblo a por su premio, pero los ingratos vecinos no quisieron pagarle. Entonces el flautista se enfadó mucho y decidió darles una lección: tocó otra melodía, y esta vez fueron los niños del pueblo los que, bailando y riendo hechizados con la magia de su música, le siguieron y desaparecieron.
¿Y qué pasó después? Unos dicen que los niños no se alejaron mucho y que volvieron al poco tiempo al pueblo, para alivio de sus padres, que muy asustados y avergonzados pagaron de inmediato el premio al flautista.
Otros cuentan que los niños nunca regresaron al pueblo, y que se convirtieron en golondrinas que emigraron volando hacia las regiones del sur.
Sea cual sea la verdad, lo cierto es que los habitantes de Hamelin aprendieron la importancia de cumplir sus promesas y nunca más volvieron a faltar a su palabra.
¡Y colorín colorado, este cuento se ha acabado!
©José Naval
¿Quieres que te avisemos cuando publiquemos cuentos gratuitos?
envíamos un email a aventuraspituyguille@gmail.com poniendo en el asunto
"Aviso cuentos gratis" o algo parecido ;-)