Cuentos infantiles para estimular la lectura, ampliar vocabulario y desarrollar la imaginación
para niños de 4 a 9 años
Por José Naval

"Los mejores cuentos que he leído a mis hijos en mucho tiempo"
"¡Fresco, divertido y diferente! Nos han encantado, son cuentos llenos de imaginación y cariño"
Lee más abajo dos fragmentos de los cuentos:
"El rescate de la princesita" y
"De vacaciones en la granja-escuela"

¡y querrás saber cómo acaban!

Escenas del cuento "El caballo mágico"

La cama voladora. Guille sale volando con su cama a la que ha atado muchísimos globos y encuentra un palacio flotando entre las nubes. Ayudado por unos pajaritos, tendrá que rescatar a la mamá de una princesa que ha sido secuestrada por una bruja. Un entretenido relato que hará volar la imaginación de los pequeños.

De 3 a 9 años.

El ladrón de perros. Los Reyes Magos traen un perrito a Pitu y Guille y una noche un ladrón se lo roba. Guille se disfraza de perro para rescatar a su mascota y vive una aventura emocionante y muy divertida.

El rescate de la Princesita. Guille acude al rescate de la Princesita Bidubí, secuestrada por la bruja Malospelos. Se enfrentará a la bruja con gran valentía pero un contratiempo inesperado pondrá a prueba su ingenio. Un trepidante y divertido relato que mantendrá la atención del lector hasta el sorprendente final.

De 4 a 9 años.

El coche submarino. Pitu, Guille y sus papás se van de vacaciones en un coche que puede navegar por el fondo del mar y encuentran un tesoro en un barco hundido, pero se verán sorprendidos por un peligroso guardián que custodia el cofre.

El caballo mágico. La mamá de Pitu y Guille les lee un cuento de un príncipe y una princesa enamorados y una bruja que quiere impedir la boda. Con la ayuda de un caballo que sabía hablar, la pareja vive una emocionante aventura con un final inesperado.

De 4 a 9 años.

La máquina del tiempo. Pitu y Guille construyen una cabaña en un árbol que se convierte en una máquina del tiempo al caer un rayo y viven una peligrosa aventura al viajar 400 años atrás y ser capturados por unos piratas.

De vacaciones en una granja-escuela. Pitu y Guille pasan unos días en una granja y encuentran una trompetilla que al ponérsela en la oreja permite entender el lenguaje de los animales. Gracias a la trompetilla descubren por qué el perro de la granja es tan gruñón y también intentan salvar a unas ovejas de ir al matadero.

De 4 a 10 años.

Pitu y Guille encuentran en la playa una botella con un mensaje de socorro de una niña cuyos papás han desaparecido. Decididos a ayudarla, construyen una bicicleta que vuela para viajar hasta un lejano país. Se enfrentarán a un malvado monstruo y su mascota Yupi enfermará por la mordedura de un murciélago. Un trepidante relato que mantedrá la atención del lector hasta el final.

De 4 a 10 años.

Un tierno relato sobre el amor a los animales y el valor de decir la verdad.
Pitu, Guille y su amiga Marieta viajan hasta el cielo de los perros, el paraíso al que van todas las mascotas al morir y en el que son felices para siempre. Así Marieta podrá despedirse por última vez de su querida perrita Mafi. Los tres amigos viven una fantástica aventura acompañados por un Hada, pero al regresar a la Tierra ocurre algo inesperado.

De 4 a 12 años.

¿Los hipopótamos tienen pelo? ¿Y los elefantes? Pitu y Guille montan en su casa una peluquería de mascotas para ganar un poco de dinero y así poder comprarse una tabla de surf, pero se quedan alucinados con los animales que acuden a cortarse el pelo, hasta que aparece un osito y la historia da un giro inesperado... Un divertido relato que cautivará a los más pequeños, ideal para leerles antes de dormir.

De 3 a 4 años. Los peques participan en el cuento.

Las aventuras de Pitu y Guille son historias muy entretenidas. Atrapan a los niños desde el principio hasta el final a través de una sucesión de escenas divertidas, giros sorprendentes y un toque de intriga, combinando aventura y fantasía para despertar su imaginación y estimular la lectura.

Los textos gozan de una esmerada redacción. Se ha evitado un vocabulario excesivamente básico y en algunos relatos se han empleado términos más sofisticados añadiendo a continuación su significado.

Como novedad, en los momentos más críticos de la trama, el autor introduce el original recurso de lanzar preguntas al lector acerca del desarrollo de la misma, táctica con la que se logra incrementar al máximo su atención.

Los protagonistas son dos hermanos, Pitu y Guille, que viven muchas aventuras y se enfrentan a las situaciones difíciles con imaginación, confianza en sí mismos y fuerza de voluntad. El autor, padre de 4 hijos, cree en la importancia de enseñar a los niños el valor de la constancia y el esfuerzo, que combinados con la imaginación y la creatividad (todas ellas capacidades que se pueden cultivar con la práctica), son los pilares para que desarrollen sus habilidades y la confianza en sí mismos.

Los cuentos están disponibles en edición impresa en color, ilustrados con gran inspiración por Irina Hirondelle. La tipografía es de letra grande para mayor facilidad de lectura y en papel de calidad premium. El tamaño de la versión impresa es muy cómodo para su lectura.

Consulta los cuentos gratis o en promoción.

Colección Las aventuras de Pitu y Guille

Edición impresa en papel premium y letra grande

Edición impresa en papel premium y letra grande

Cuento "La máquina del tiempo"

Cuento "La máquina del tiempo"

Cuento "La cama voladora"

Cuento "El ladrón de perros"

Cuento "La máquina de arcoíris"

EL RESCATE DE LA PRINCESITA

Fragmento

Guille había sido invitado al banquete de celebración del nacimiento de la princesita Bidubí, la primera hija de los Reyes del Reino. Los Reyes habían estado mucho tiempo esperando tener niños y se pusieron muy contentos al nacer su pequeña, así que decidieron hacer una gran fiesta en el Palacio Real y convocaron a todas las personas importantes del Reino. Y también invitaron a Guille porque era famoso por sus aventuras.

Al llegar, Guille se puso a la cola para entrar en el Palacio. Había mucha gente, y la cola era bastante larga. Los invitados eran personas muy importantes y vestían muy elegantes: un señor de esmoquin; una joven muy bella con un traje rojo largo; un militar con un montón de condecoraciones; otro señor que parecía el embajador de algún país muy divertido porque iba de uniforme y llevaba un sombrero como el de Napoleón pero con plumas; una señora mayor bastante fea con un traje negro…

Cuando todos los invitados terminaron de entrar en el Palacio empezó el banquete. Los Reyes estaban sentados en una mesa en el centro de la sala, y tenían a su lado una cunita donde dormía la princesita Bidubí. Sirvieron un montón de manjares muy ricos. Lo que más le gustó a Guille fue el pastel de chocolate.

Después del postre, el Rey alzó su copa para decir unas palabras.

–Muchas gracias a todos por...

De repente, la Reina se llevó las manos a la cabeza:

–¡Dios mío! ¡Mi niña ha desaparecido! ¡No está en la cuna! – gritó mientras revolvía las sábanas de la cuna vacía.

–¡Han secuestrado a la princesa! Rápido, cierren todas las puertas del Palacio. ¡Que no salga nadie! –dijo el Rey.

Inmediatamente varios soldados corrieron a cerrar todas las puertas e hicieron guardia en las salidas.

–¡Que todos los invitados vayan saliendo de uno en uno! ¡Revisen sus pertenencias por si alguien lleva escondido al bebé! –ordenó el Rey.

Entonces se formó una cola y todos los invitados fueron saliendo por una sola puerta del Palacio. Antes de salir, los soldados revisaban bien los bolsos y pertenencias de los invitados, buscando al bebé.

–Señora por favor, abra el bolso - dijeron los soldados a una señora que llevaba una bolsa muy grande. A lo mejor escondía al bebé en el bolso.

–Señor por favor, quítese el sombrero –le pidieron a un hombre que llevaba un sombrero de copa, por si pudiera estar el bebé metido dentro.

Y así, uno a uno, fueron saliendo todos los invitados del Palacio.

Guille, que era muy observador, se sorprendió al ver a la señora fea vestida de negro. Estaba mucho más gorda que cuando entró. “¿Habrá comido demasiado?” se preguntó. “Qué raro…” Los soldados la dejaron salir porque no hallaron rastro del bebé.

Después de dos horas, los soldados revisaron al último invitado.

–Su Majestad, ya no quedan invitados en el Palacio y no hemos encontrado al bebé –se lamentó el capitán de los soldados–. No sabemos dónde está.

–¡Oh, Dios mío! ¡Pobre hijita mía! –dijo la Reina, echándose a llorar.

–¡Cómo es posible! –dijo el Rey– ¡Mi hija, secuestrada delante de nuestras narices! ¿Qué vamos a hacer ahora?

Los soldados no sabían qué decir. La Reina lloraba. El Rey estaba muy triste.

Entonces Guille, que se había quedado esperando fuera del Palacio, volvió a entrar y se dirigió al Rey:

–¡Majestad! ¡Creo que sé quién se ha llevado a la princesa! Ha sido una señora muy fea vestida de negro. Cuando salió estaba mucho más gorda que cuando entró. Seguro que llevaba al bebé escondido bajo sus ropajes.

–¡Rápido, id tras ella! –ordenó el Rey

Diez soldados montaron en sus caballos y salieron cabalgando por el camino por donde se había ido la señora de negro. El camino se adentraba en un bosque, y al cabo de un rato, llegaron frente a un castillo.

–¡Ha del castillo! –gritó el capitán de los soldados–. ¡Abrid en nombre del Rey!

La señora de negro se asomó a una de las ventanas en lo alto de una torre del castillo. Llevaba un gorro negro de pico y tenía unos pelos horribles. Ya no estaba gorda.

–¡Soy la bruja Malospelos! ¿Qué queréis?

Al capitán no le daban miedo las brujas.

–¡Salid y entregad al bebé! ¡Sabemos que lo tenéis escondido! – Gritó el capitán

–Ja, ja, ja, ja, ja. ¡No lo tengo escondido! ¡Lo tengo aquí! – respondió la bruja mostrando al bebé en sus brazos– ¡Y me lo quedaré para siempre! Jamás lo devolveré. ¡Nunca saldrá del castillo! ¡Nunca! ¡Jamáaaaaas! –confesó la bruja, mostrando al bebé en sus brazos–. ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

Entonces sacó una varita mágica y lanzó un hechizo a los soldados.

–ABRACADABRA, ¡CONVERTÍOS EN RANAS! –gritó desde la ventana.

Un rayo verde salió de la varita mágica en dirección a los soldados y los convirtió en diez ranas, que se pusieron a dar saltitos huyendo hacia el Palacio Real.

–¡Croac, croac, croac! –croaban, mientras se alejaban del castillo.

Como iban dando saltitos muy cortos, tardaron mucho en llegar al Palacio.

El Rey, al ver a las ranitas exclamó:

–¡Oh, Dios mío! ¡Qué bruja más mala! ¡Ha convertido a mis soldados en ranas! Pues enviaré otros diez soldados a rescatar a la princesita.

Inmediatamente, otros diez soldados montaron en sus caballos y salieron cabalgando. Al llegar al castillo de la bruja, el Capitán gritó:

–¡Ha del castillo! ¡Abrid en nombre del Rey!

La bruja se asomó a una de las ventanas en lo alto de una torre del castillo.

–¡Soy la bruja Malospelos! ¿Qué queréis?

A este capitán tampoco le daban miedo las brujas.

–¡Salid y entregad al bebé! ¡Sabemos que lo tenéis escondido! – dijo el Capitán.

–¿Otra vez? Ja, ja, ja, ja, ja. ¿Es que no aprendéis? Ja, ja, ja, ja, ja. ¡Este bebé me lo quedaré para siempre! Jamás lo devolveré. ¡Nunca saldrá del castillo! ¡Nunca! ¡Jamáaaaaas! –dijo la bruja mostrando al bebé en sus brazos–. Ja, ja, ja, ja, ja.

Sacó de nuevo su varita mágica y lanzó un hechizo a los soldados.

–ABRACADABRA, ¡CONVERTÍOS EN RANAS! –gritó desde la ventana, y un rayo verde salió de la varita mágica en dirección a los soldados.

El rayo convirtió a los diez soldados en diez ranas, que empezaron a dar saltitos huyendo del castillo.

–¡Croac, croac, croac! –croaban, mientras se alejaban dando saltos en dirección al Palacio.

Como iban dando saltitos muy cortos, tardaron mucho en llegar al Palacio. El Rey, al ver a las ranitas dijo:

–¡Oh, Dios mío! ¡Qué bruja más mala! ¡Ha vuelto a convertir a mis soldados en ranas! Pues enviaré otros diez soldados a rescatar a la princesita.

¿Chicos, creéis que el Rey debería enviar más soldados o no?

–¡Esperad, Majestad! No enviéis a más soldados. ¡Iré yo! –dijo Guille.

–¿Tú?

–Sí, Majestad. Solo necesito un escudo y un caballo.

Rápidamente le trajeron un escudo.

–No, este escudo no me sirve –señaló Guille–. Tiene que ser un escudo de hierro pulido. Muy pulido. Tan pulido que parezca un espejo.

Un soldado fue a buscarlo y volvió al rato con un escudo. Era grande, de hierro pulido y brillaba mucho.

–¡Magnífico! –dijo Guille–. Este servirá.

–¡Llévate mi caballo Arcabán! Es el caballo más rápido del mundo –le ofreció el Rey.

Guille cogió el escudo, montó en el caballo y salió galopando a toda velocidad hacia el castillo.

Al llegar gritó:

–¡Ha del castillo! ¡Abrid en nombre del Rey!

La bruja se asomó a una de las ventanas en lo alto de una torre del castillo.

–¡Pero si eres un niño! ¿Qué quieres, mocoso? –preguntó la bruja.

A Guille le entró un poco de miedo al ver a la bruja.

–Quiero que me des al bebé.

–Ja, ja, ja, ja, ja, ¡eres valiente muchacho! ¡Pero el bebé me lo quedaré para siempre! Jamás lo devolveré. ¡Nunca saldrá del castillo! ¡Nunca! ¡Jamáaaaaas! –dijo la bruja mostrando al bebé en sus brazos–. Ja, ja, ja, ja, ja.

Entonces sacó su varita mágica y le lanzó un hechizo.

–ABRACADABRA, ¡CONVIÉRTETE EN RANA!

Un rayo verde salió de la varita mágica en dirección a Guille, pero Guille rápidamente se protegió con el escudo, y como estaba muy pulido, el rayo se reflejó en el metal y le dio a la bruja de rebote, convirtiéndola en rana. Lo malo es que como la bruja tenía al bebé en brazos… ¡también el bebé se convirtió en rana!

Guille entró corriendo en el castillo, subió las escaleras de la torre y al llegar donde estaba la bruja, vio dos ranas en el suelo. Una de ellas grande y fea, negra, con un sombrero de pico negro pequeñito en la cabeza, y la otra diminuta y verde, con un chupete minúsculo en la boca.

Chicos ¿qué rana creéis que era la bruja y cuál era el bebé?

Guille cogió a la ranita pequeñita y se la metió en el bolsillo con mucho cuidado de no aplastarla. Vio la varita mágica de la bruja en el suelo y se la llevó.

Volvió cabalgando al Palacio, pensando qué iba a hacer. Al llegar, les contó lo sucedido a los reyes. Se sacó la ranita del bolsillo y la puso en el suelo. La ranita empezó a dar saltitos. ¡boing! ¡boing! ¡boing!

–Oh, Dios mío, ¿qué vamos a hacer ahora? –se preguntó la Reina mirando a su bebé ranita.

...

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DE VACACIONES EN LA GRANJA-ESCUELA

Fragmento

Un mes de julio, recién acabadas las clases, Pitu y Guille pasaron dos semanas en un campamento de verano junto a otros niños del cole. El campamento en realidad era una granja-escuela donde había vacas, ovejas, patos, gallinas, y hamsters. También había un horno de pan. Y un perro que ladraba mucho y parecía muy enfadado. Se llamaba Yolo y el pobre estaba siempre atado a un árbol. A Pitu y Guille les daba un poco de lástima.

El granjero se llamaba Pedro. Era un señor mayor, muy gruñón, que todo el día estaba riñendo a los niños por cualquier cosa. Pitu y Guille pensaban que el perro enfadado y el granjero gruñón eran “tal para cual”. Dicen que los perros acaban pareciéndose a sus dueños.

Lo más divertido de la granja eran los hamsters, porque eran muy monos y se dejaban coger y acariciar. Había muchísimos y vivían en una cuadra que olía fatal. Los más bonitos eran los que tenían el pelo a manchas blancas, negras y marrones. Una vez un niño del campamento cogió un hámster y quiso darle de beber en el río, pero se le escapó de sus brazos, cayó al agua y como los hámsters no saben nadar, tuvo que tirarse al río para salvarlo. ¡Vaya susto! Menos mal que el niño sí sabía nadar.


Las ovejas estaban en un corral siempre juntitas. Había diez ovejas blancas y diez ovejas negras y daban mucha lana. A veces se dejaban acariciar y otras veces huían asustadas.


Todas las mañanas Pitu y Guille iban al gallinero a coger huevos para desayunar. Estaban recién puestos y todavía con el calorcito de la gallina que los había puesto. Seguramente que eran los huevos más frescos que habían comido en su vida.


Un día que Pitu y Guille habían ido a coger moras para hacer mermelada y casi habían llenado la cesta que llevaban, vieron a una urraca en la rama de un árbol. La urraca sujetaba con el pico un cuerno dorado, que parecía una pequeña trompeta.

–Mira Guille, ¿qué es lo que tiene ese pájaro en el pico?

–¡Anda!, es como una trompetilla.

–¡Qué bonita! ¡Brilla mucho! Parece de oro.


Lo que no sabían Pitu y Guille es que la trompetilla en realidad era un cuerno mágico, porque si te lo ponías en la oreja podías entender todo lo que decían los animales.


Guille sacó un puñado de moras de la cesta y se las arrojó al pájaro. La urraca se lanzó a comer las moras al vuelo, pero al abrir el pico se le cayó la trompetilla al suelo y Pitu la cogió rápidamente. La urraca empezó a protestar con unos graznidos horribles “¡cruuuac, cruuuac, cruuaaaac!”.

–¡Qué bonita trompeta! A ver si suena –y sopló por la boquilla, pero no salía ningún sonido.


–A ver déjame a mí –dijo Guille, y sopló con todas sus fuerzas, pero nada.

La urraca seguía con sus graznidos horribles desde una rama “¡cruuuac, cruuuac, cruuaaaac!”.

Entonces Pitu miró la trompetilla y le recordó una foto muy antigua de su bisabuelo, en la que sujetaba una trompetilla muy parecida en su oído. Sin pensárselo dos veces, Pitu se la puso en la oreja y de pronto oyó que la urraca decía:

¡Qué tonta he sido! ¡Qué tonta he sido! ¡Me he dejado engañar por dos niños! ¡Qué tonta he sido!


–¡Mira Guille! ¡Es increíble! ¡Si te pones la trompetilla en el oído se entiende lo que dice la urraca! –dijo Pitu muy sorprendida.

Guille se la puso en la oreja y oyó que el pájaro decía:


¡Ay qué pena, ay que tonta he sido!, con lo que me gustaba esa trompetilla. ¡Qué mala suerte! ¡Qué mala suerte! Bueno, aunque peor suerte tienen las ovejas blancas, que mañana vienen para llevárselas al matadero.

–¡Pitu, dice la urraca que mañana vienen a llevarse a las ovejas blancas al matadero! ¡Pobrecitas! ¡Tenemos que hacer algo para salvarlas!


Se volvieron de camino a la casa de la granja muy tristes y cabizbajos. Al pasar por delante del perro, les empezó a ladrar. Pitu y Guille se miraron y sin decir palabra Pitu se puso el cuerno mágico en la oreja para oír qué estaba diciendo Yolo con sus ladridos:

¡Por favor quitadme la espina de la pata, que me duele mucho! ¡Por favor quitadme la espina de la pata! ¡Por favor! ¡Ay cómo me dueleee! –se quejaba Yolo.


–Pobrecito, tiene una espina clavada en una patita –dijo Pitu.

Los dos hermanos se acercaron despacito al perro, que seguía ladrando y dando saltos encadenado al árbol.

–¡Pituuu, Guilleee! ¡No os acerquéis a Yolo que os va a morder! – les advirtieron los otros niños que observaban desde lejos.


Guille miró al perro. La verdad es que daba un poco de miedo al verle ladrar, pero cuando le tendió la mano, Yolo se tranquilizó y dejó que le acariciase mientras Pitu le examinaba las patas.


–Mira Guille, aquí tiene la espina clavada. Se la voy a quitar.

Al sacarle la espina, el perro sonrió y empezó a lamer a Pitu y Guille. Al ver aquello los otros niños se acercaron y empezaron a acariciar a Yolo. Ya no ladraba y se había vuelto un perro muy cariñoso. ¡Sólo quería jugar!

Desataron a Yolo del árbol y empezó a correr por el campo y dar brincos de alegría, jugando con los niños y persiguiendo ardillas y mariposas hasta que se hizo de noche.

Después de cenar, Pitu, Guille y sus amigos le llevaron las sobras de la cena en un cuenco, y para que no durmiera a la intemperie, le hicieron una pequeña cabaña con unas ramas. También le pusieron una mantita vieja en el suelo para que no pasara frío. ¡Yolo estaba contentísimo en su nueva casita!



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Esa noche, Guille daba vueltas en la cama y no paraba de pensar en cómo salvar a las ovejas blancas de ir al matadero al día siguiente. De pronto se le ocurrió una idea...


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empo", de la misma colección.

Por José Naval
Ilustraciones de Irina Hirondelle

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